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Manaus, con su millón y medio de habitantes, es la puerta de acceso al Amazonas brasileño. Es una ciudad portuaria internacional situada a 1.500 km de su desembocadura y a sólo 40/80m por encima del nivel del mar, es una ciudad húmeda y no muy limpia, tiene una infraestructura urbana con porte de metrópoli de tamaño medio y una extensa red de hoteles, restaurantes, una Zona Franca, dos carreteras principales de acceso, aeropuertos, centros comerciales, centro de convenciones, hospitales completos, amplia red viaria, anchas avenidas y muchos rascacielos. Algunas de sus construcciones, como el Puerto Revitalizado de Manaus y las famosas palafitos (casas construidas sobre pilotes) son proyectadas para los desniveles estacionales de los ríos. La época de lluvias es de diciembre a mayo. Los eventos culturales más importantes son el Festival de Ópera Internacional, uno de los mayores de América Latina y el Boi Manaus, una fiesta que reúne más de 200 mil personas en un fin de semana y el Festival de Cine que entro en el calendario turístico del Estado en el 2004.

No había ciudad más próspera, admirada y envidiada en toda la cuenca amazónica. Su historia comienza en 1669, con la fundación del fuerte de San José da Barra do río Negro, a 18 kilómetros del famoso "Encuentro de las aguas", de los ríos Solimoes y Negro, para dar lugar al Amazonas. Perdida en plena selva virgen, la pequeña aldea que se estableció más tarde a su alrededor pasó dos siglos aislada del resto del país y del mundo. Hacia 1890, la explotación del caucho y la concentración de las exportaciones en Manaos hizo florecer una infraestructura social y cultural sin precedentes. Los magnates del caucho movían fabulosas sumas de dinero y fueron estos ricos  los que decidieron transformar Manaos en una metrópoli al estilo de las del Viejo Continente. Obras públicas y residencias permanecen hoy como testigos de aquella época: el teatro Amazonas y la plaza San Sebastián, complejo arquitectónico concebido por el italiano Domenico de Angelis; la Aduana y el muelle flotante, proyectados y prefabricados en Inglaterra; el mercado municipal, a imitación del de Les Halles de París; el palacio Río Negro, actual sede del gobierno del estado y antigua residencia de un excéntrico comerciante alemán, además de un sinnúmero de plazas y jardines. La auténtica joya de Manaos es el teatro Amazonas, herencia de los tiempos de esplendor cauchero. Proyectado íntegramente en Portugal, fue inaugurado en 1896. En su desmedido afán vanguardista, la nueva aristocracia de Manaos no dudó en contratar a los más afamados artistas europeos de aquel tiempo, como Sara Bernhardt y Enrico Caruso.

Otra de las maravillas de Manaos es su muelle flotante. Articulado para fluctuar con los cambios de nivel de las aguas (trece metros en algunas temporadas), a su alrededor ha crecido todo un entramado de almacenes, restaurantes y tiendas instaladas sobre balsas conectadas entre sí por pasarelas que se extienden por las riberas del río Negro. Un cuadro singular, grávido de reminiscencias del Extremo Oriente.

En la actualidad Manaos es el centro comercial por excelencia de la selva amazónica. La intensidad de su tráfico fluvial, que pone a la ciudad en comunicación marítima directa con muchos de los grandes puertos del mundo. Los habitantes, próximos al millón y medio, con los que hoy cuenta la gran capital son el resultado de un reciente y poderoso crecimiento demográfico que, en sólo diez años, de 1970 a 1980, duplicó su población. Ciudad universitaria desde 1965, Manaos posee un importante museo histórico-etnográfico y un jardín botánico donde puede contemplarse un gran número de especies endémicas.Durante las lluvias la selva profunda es visitable navegando por brazos y caños que en la estación seca desaparecen. Al bajar el nivel de las aguas aparecen playas en las riberas y las extensas llanuras de inundación intermitente se vuelven transitables.